México 1986: El Mundial de la consolidación
octubre 5, 2026Guadalajara fue un crisol cultural durante la Copa del Mundo de 1986. Una ciudad más moderna ahora ofrecía dos escenarios en los que se gestaron sorpresas
Si 1970 representó el descubrimiento, el Mundial de 1986 confirmó a Guadalajara como una ciudad mundialista. Ya no se trataba de mostrar por primera vez sus cualidades, sino de refrendar una reputación construida 16 años antes, con infraestructura, afición e identidad futbolística propias.
México asumió la organización de emergencia después de que Colombia renunciara a ser sede. El 20 de mayo de 1983 se confirmó que el país recibiría nuevamente el torneo y EL INFORMADOR destacó al día siguiente en su portada un hecho histórico: México se convertiría en la primera nación en organizar dos Copas del Mundo.
Guadalajara también era distinta. La ciudad había crecido y los alrededores del Estadio Jalisco estaban mucho más poblados. El inmueble de la Calzada Independencia volvió a ser escenario de grandes partidos, aunque esta vez compartió protagonismo con el Estadio Tres de Marzo, construido a principios de la década de 1970 y ampliado tras el ascenso de Tecos en 1975 hasta cumplir con las exigencias de la FIFA.
Aun con dos estadios mundialistas, el corazón de la fiesta volvió a concentrarse en la zona de la Calzada Independencia. En terrenos contiguos a la Plaza de Toros Nuevo Progreso se instalaron las llamadas carpas mundialistas, espacios dedicados a la convivencia y a mostrar parte de la cultura de las selecciones que jugaron en Guadalajara.
“Con la Plaza teníamos chance de ir a cotorrear, divertirnos y conocer gente; el ambiente de los brasileños te contagiaba mucho”, recordó Enrique Guerrero, vecino de la zona.
Brasil regresó y el romance continuó. Ya no estaba Pelé, pero la Canarinha tenía figuras como Zico, Careca y Sócrates, suficientes para despertar nuevamente el cariño de la afición tapatía. Ese vínculo sobrevivió al paso del tiempo y quedó reflejado en espacios como la Plaza Brasil y, décadas después, en la colocación de una estatua de “O Rei”.
Todo parecía encaminado hacia otra historia memorable. Brasil completó una Fase de Grupos perfecta y goleó en su primer partido de eliminación directa, pero Francia puso fin al sueño en uno de los encuentros más recordados del torneo. Con aquella eliminación también terminó la fiesta de una afición tapatía que, durante unas semanas, volvió a teñir su corazón de verde y amarillo.





