Fisicoculturismo: ¿qué le pasa al cuerpo en busca de la “perfección”?

Fisicoculturismo: ¿qué le pasa al cuerpo en busca de la “perfección”?

octubre 16, 2026 Desactivado Por administración

La reciente partida de la atleta Marianne von Gierke es un pretexto para poner sobre la mesa el debate sobre los límites del culturismo y los límites de la vigorexia

El sorpresivo deceso de la atleta chilena Marianne von Gierke el 14 de octubre en Chile reabre el diálogo sobre el fisicoculturismo. Aunque su partida no derivó de esta disciplina, su caso invita a explorar qué exige este deporte. Buscar la simetría perfecta requiere gran esfuerzo, pero cruzar la línea hacia métodos extremos oculta riesgos severos para la salud física y mental de los competidores.

El culturismo, conocido en otros idiomas como bodybuilding, es un deporte enfocado en desarrollar la musculatura a través del entrenamiento constante con pesas. Los atletas buscan exhibir un cuerpo definido, simétrico y estético mediante poses específicas en diversas competiciones. Para lograr este objetivo, combinan rutinas de fuerza intensas con una alimentación planificada al milímetro y periodos de descanso calculados.

Esta práctica deportiva se clasifica según la experiencia, el sexo y el tipo de preparación de cada individuo en particular. En su estado óptimo, integra hábitos saludables y une aspectos nutricionales con el bienestar psicológico del deportista. Cada modalidad exige un equilibrio preciso para maximizar los resultados estéticos sin comprometer el funcionamiento del organismo a largo plazo.

La delgada línea hacia la vigorexia

A pesar de sus múltiples beneficios físicos, el peligro surge al aplicar dietas muy restrictivas o buscar atajos poco seguros para el cuerpo. Aquí aparece la vigorexia, un trastorno de tipo dismorfia muscular asociado a la obsesión por una estructura musculosa y definida. Esta patología afecta a quienes persiguen un ideal de perfección irreal bajo los estándares estéticos de hoy.

Diversos estudios revelan que este trastorno dismórfico se presenta con mayor frecuencia en hombres de entre 18 y 35 años de edad. Los deportistas afectados dedican horas interminables al gimnasio para alcanzar una estructura idílica, con el temor de caer en la deformidad corporal. El problema central radica en la distorsión de la imagen propia en tamaño, forma y peso.

La patología impacta de lleno en dos niveles específicos: el cognitivo-afectivo y el perceptivo. En el primer nivel, surgen insatisfacciones profundas ligadas a estándares extremos y poco realistas impuestos por la sociedad. En el segundo, la persona percibe su cuerpo de manera errónea, lo que impulsa acciones perjudiciales para conseguir un mayor volumen a cualquier costo.

Consecuencias de los métodos extremos

Los individuos con esta condición suelen presentar rasgos obsesivos predisponentes desde etapas tempranas de su vida. Llevan rutinas estrictas donde nada puede interferir con sus horarios de ejercicio o sus comidas planificadas. Esta rigidez extrema aísla al deportista y transforma un hábito sano en una conducta perjudicial para su entorno social, familiar y personal.

Un peligro latente en este escenario de exigencia es la adicción a los anabólicos para incrementar la masa muscular a gran velocidad. El uso de estas sustancias químicas o suplementos dudosos trae consecuencias graves para el organismo entero. Además, el aumento desmedido de peso y carga provoca un desgaste progresivo en las articulaciones de los atletas.